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viernes, 21 de febrero de 2014

Ángel de la Guarda, dulce compañía, etc.



Ángel de la guarda, en luz de nublado

Este pajarillo que aquí ven, con el cual tengo el gusto de inaugurar mi blog, se llama Motacilla alba, según los científicos (a mí me suena como a nombre propio de una gran duquesa). No obstante, el nombre que más me gusta, de los muchos que se le dan por aquí a este animalillo, es el de “pajarita de las nieves”. Decididamente, yo la voy a llamar así a partir de ahora, pajarita de las nieves, me parece un nombre delicioso.

Si bien alguien me sugirió, me insinuó que lo que había fotografiado no era un pájaro, sino un ángel. Un ángel, ¿podría ser? E incluso, ¿podría tratarse de un ángel, en concreto, de la guarda? Se lo preguntaré a Iker Jiménez, ese famoso periodista especializado en todo tipo de misterios, a ver qué opina. Pero no me extrañaría que así fuera, pues hay ya tanta gente muy seriamente necesitada en mi país, que no sería nada raro que anduvieran por ahí, como quien dice sueltos, un montón de ángeles de la guarda, también llamados custodios. Pobres ángeles custodios, les pusieron tan difícil, tan cuesta arriba su tarea de salvaguardar de todo mal a sus respectivos protegidos, que muchos de estos seres celestiales vinieron a refugiarse, derrotados, a las apartadas marismas; cabizbajos, muertos de vergüenza, intentando pasar desapercibidos entre las gráciles aves.

Ramón García Durán


Canción del día: la vida es una tómbola

Marisol (Pepa Flores, ese es su precioso nombre verdadero) fue, ha sido, y será el único fenómeno sobre la Tierra que a mí pueda moverme, poderosamente, a creer en la real existencia de esos improbables seres llamados ángeles… Vean y oigan el vídeo que les traigo, y entenderán de qué les hablo. Con Pepa Flores, pues, con ese ángel fehaciente, de nombre artístico Marisol, inauguro esta sección musical anexa a mis fotos; la cual llamaré “canción del día”, no encuentro otro nombre mejor (yo es que no puedo vivir sin música, ¿y usted?). Y es verdad: la vida es una tómbola, comprobadamente. Así que, al tanto: no desprecie a nadie, no mire a nadie demasiado por encima del hombro, no dé a nadie por definitivamente muerto si no le han enterrado todavía. Un saludo.